d’agost 23, 2007

PEZONES

Durante toda mi última niñez y primera adolescencia creí que los pezones eran negros y rectangulares. Lo que pasaba era que en todos los textos de educación sexual a los que podía acceder (revistas Yo y Super Yo, fundamentalmente, que no eran publicaciones relacionadas con la psicología precisamente), las fotos de las mujeres desnudas mostraban –en las partes más interesantes y solicitadas- esas famosas tiritas que imponía la censura y que a mí me parecían muy excitantes. La cosa era más o menos así. En algunos casos, los editores dibujaban un casto corpiño que ocultaba el paralelogramo objeto de mis deseos. Entonces mi imaginación diseñaba pezones perfectamente cuadrados y de un negro intenso y profundo. Debo reconocerlo ahora: de chico también era un pelotudo
Todo esto viene a cuento por dos hechos ocurridos hace poco y que tuvieron gran difusión en todos los medios del país.
En primer término, el famoso “baile del caño” popularizado por Marcelo Tinelli en su grasiento programa. Esta propuesta televisiva sería perfecta si el Comfer actuara como corresponde y limitara al mínimo indispensable los subnormales comentarios del conductor y su troupe de imbéciles, y el espectador pudiera solazarse con los sensuales movimientos de las bataclanas que participan de este emprendimiento solidario. Todos conocen la historia, y si no, aquí pueden refrescarla. Lo cierto es que los padres de 100 niños que estaban en el estudio disfrutando la sana diversión de chicas tetonas siendo manoseadas por tipos musculosos, a quienes apoyaban sus castas nalgas en la parte más abultada del slip mientras fingían orgasmos, pero siempre con corpiño, se sintieron ofendidos por la imprevista presencia de pezón, al que seguramente los impúberes también imaginaban cuadrado y negro. “¿Después de esto qué –se cuestionaban entre pucheros los niños- los reyes magos son los padres?”
El otro caso paradigmático es el del noticiario de América TV, que tuvo a bien difundir en el horario del almuerzo las imágenes del cuerpo en descomposición de una mujer asesinada en Río Cuarto. Como en las fotografías la mujer aparecía –además de muerta- desnuda, los editores tuvieron el buen gusto (según dicen quienes lo vieron, yo por suerte me lo perdí) de ocultar los pezones, no sea cosa de que los consideraran unos morbosos.
Esto no tiene, ni pretende tener, moraleja, ni conclusión, ni reflexión alguna. Pero todavía no entiendo por qué a los moralistas (que no necesariamente son gente moral) les asusta tanto el pezón.

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