Una noche, Johnn Hammond (famoso descubridor de talentos musicales de las décadas de 1920 y 1930) le presentó a Benny Goodman a un joven guitarrista en el que tenía cifradas grandes esperanzas. Goodman le preguntó al muchacho si conocía un tema llamado Rose Room y el muchacho le respondió que sí. Estaban en el Club Victor Hugo de Beverly Hills y Goodman resolvió probarlo en vivo con ese tema. Entonces sucedió algo que cambiaría la historia de la música moderna. El joven guitarrista, un flaquito afroamericano (o sea, negro) de aspecto enfermizo presentó en público lo que se conocería posteriormente como un “solo”, es decir: una improvisación con la guitarra mientras el resto de la orquesta continuaba con el tema que se estaba interpretando. No fue un solo cualquiera, porque –según testigos de la época- esa versión de “Rose Room” duró aproximadamente 45 minutos, dejando anonadados a los afortunados asistentes al concierto.
El flaquito se llamaba Charlie Christian y fue el inventor del solo de guitarra. Ni más ni menos. Charlie había nacido en el seno de una familia respetable de Dallas y en ambiente musical muy profundo. Su padre era guitarrista y cantante de blues y ello junto a sus estudios en la "Douglas School" contribuyó poderosamente a crear en el una amplia base musical. Sus influencia primarias fueron músicos de jazz de visita a su ciudad natal, y sobre todo de Lester Young quien inició una verdadera revolución musical en los ambientes musicales de la comunidad negra. Durante su adolescencia, Charlie se especializó en la guitarra acústica, hasta que en 1937 conoció a Eddie Durham, quien fue el primer músico que utilizó una guitarra amplificada eléctricamente en una banda de jazz. Desde entonces, Charlie y la guitarra eléctrica no se separarían más, convirtiéndose en el más destacado, innovador, audaz y revolucionario músico de jazz de su época. Sin embargo, no fue mucho el tiempo de su apogeo, porque una tuberculosis contraída en la infancia (motivo de su aspecto enfermizo) terminó con él cuando tenía 25 años.
Benny Goodman y Charlie Christian
Su legado, además de algunas grabaciones con su propia banda y otras con destacados músicos de la época (el ya mencionado Benny Goodman, Charly Parker, Thelonius Monk y Dizzy Gillespy, entre otros), es el solo de viola, ese que nos emociona en los dedos de guitarristas de las más diversas extracciones. Hoy por hoy, Keith Richards, Ritchie Blackmore, Yngwie Malmsteen, Jimmy Page, Lolo de Miranda e inclusive Tino, la Guitarra Mapuche, tienen un santo a quién prenderle una vela. Porque si no, capaz que tendrían que estar cavando zanjas .
Guitarra L-5C Charlie Christian, edición limitada que en 1968 Gibson sacó en homenaje al guitarrista
¿Un Pacman en el Savoy? Charlie Christian playing “Stompin' At The Savoy”
La imagen de la tumba de Victor Noir es mucho más conocida que su habitante. En muchísimas oportunidades hemos visto la foto y los más afortunados han podido apreciarla en vivo y en directo, en el parisino cementerio de Père-Lachaise, el más famoso del mundo y en el que cientos de celebridades y ricachones han sido prolijamente deborados por los gusanos. La lista es larguísima y está integrada por músicos, escritores, políticos, mediums, gente que tenía guita, curas, bailarinas y más gente que tenía guita. Algunos nombres de personalidades que descansan en el Père-Lachaise son Apollinaire, Balzac, Bizet, Chopìn, Isadora Duncan, Gay-Lussac (ese es el apellido, como Prat-Gay, no es que haya sido gay… es Gay ¿Se entiende?), Moliere, Jim Morrison, Iyes Montand, Proust, Rossini y Oscar Wilde. ¡Qué vecindario! Lastima que están todos muertos. Pues bien, entre todas estas celebrities yace para siempre Victor Noir, cuyo verdadero nombre era Yvan Salmon, y que era un periodista del períodico republicano “La Marseillaise”, y que en 1870 fue asesinado por Pierre Bonaparte, sobrino de Napoleón III, quien por entonces gobernaba Francia con mano de hierro. El Director de La Marseillaise era Pascal Grousset, un periodista, escritor y político de extrema izquierda y que desde las páginas del periódico atacaba sin piedad al gobierno de Napoleón III. Y al parecer, a toda la familia, ya que Pierre Bonaparte, no obstante ser un diputado de izquierda y –por ende- opositor a su propio tío, se consideró ofendido por un artículo del períodico y retó a duelo a su director. En calidad de padrino, Victor Noir se entrevistó con Pierre y al parecer, la conversación tornó en discusión y de allí pasó a la agresión física. En determinado momento, Noir levantó su bastón y Bonaparte desenfundó y lo liquidó de un tiro. Cuentan las crónicas -para hacer más dramática la cosa- que Noir iba a contraer matrimonio al día siguiente.
Pierre Bonaparte le mete plomo a Victor Noir, según un grabado de la época
Si bien las autoridades quisieron mantener este hecho con la mayor reserva posible, se calcula que unas 100.000 personas fueron a las exequias del malogrado periodista. Sobre su tumba fue depositada una escultura de Jules Dalou, quien representó al occiso (¡que palabra!) como habría quedado al caer fulminado: con las ropas y el cabello desarreglado, la galera a un costado del cuerpo y… una inocultable erección en su entrepierna. En algún momento de la historia comenzó a correr el rumor de que las mujeres que tenían problemas para concebir, debían frotar el miembro de Victor Noir (el de bronce, obviamente) para poder quedar embarazadas (obviamente después debían hacer algunas cosas más). A partir de entonces, una interminable sucesión de manos, labios, lenguas y vaya a saber que otros sectores de la anatomía femenina, fueron desfilando no solo por la entrepierna del periodista, sino también por su boca, su nariz (servicio completo, que le dicen) e inclusive las puntas de sus botas (no, si París está lleno de viciosas), hasta lograr una decoloración que más de uno envidia. Durante varios años, el monumento mortuorio estuvo enrejado para evitar actos reñidos con la moral y las buenas costumbres, ya que mujeres de todas las edades se montaban sobre la estatua para quedar embarazadas (y al parecer varias querían que el padre fuera la propia estatua); pero con el tiempo las autoridades se dieron cuenta de era inútil e incluso peligroso, ya que algunas personas sufrieron heridas al intentar sortear la valla para cumplir con el rito que les daría fertilidad. En la actualidad, la tumba de Victor Noir es una de las más visitadas del cementerio Père-Lachaise, y no solamente mujeres en busca de la maternidad se animan a sobar el bulto (perdón por crudo de mi lenguaje), sino que todo turista bien nacido se saca una foto haciendo la caricia de rigor, aunque después no se la muestren a nadie, como alguno que yo conozco.
No pude averiguar si hay peli, pero la verdad es que no entiendo que hacen los guionistas franceses. ¡Está buenísima la historia! En el papel de Pascal Grousset propongo a Gerard Depardieu (una película francesa sin el gordo casi que no existe), y como Victor debería estar Rocco Siffredi, a juzgar por el zodape.
A continuación, reproduzco una nota aparecida en Página 12, en la que el relato de la cronista alcanza momentos verdaderamente calientes
El muerto caliente Por María Moreno
Con la melena ensortijada como si hubiera sido revuelta por alguna mano, la galera volcada, los labios y bragueta entreabiertos, la estatua de Victor Noir (née Ivan Salmon) descansa y no descansa. Una erección palpable a la altura del pantalón ha provocado la calentura de algunos paseantes y Victor Noir, periodista de La Marseillese, asesinado a los 22 años por Pedro Bonaparte, es hoy sistemáticamente sobado a través de su monumento donde el bronce se ha oscurecido en la entrepierna, adquiriendo al aspecto de un derramado seminal producto de la polución nocturna o de una fellatio de apuro. El escultor Jules Dalou, sin duda, ha sido un transgresor: primero por hacer un monumento funerario que representa al muerto acostado en una pose forense que pretende hacer una réplica demasiado viva. Yo sabía de las erecciones de los ahorcados, pero no de los heridos de bala. O bien el bueno de Dalou, como el joven Salmón fue muerto un día antes de su boda, quiso dar a la que no llegó a ser su viuda la imagen libidinosa que ella no pudo gozar como casada. Las buenas conciencias han hecho de Victor Noir un mito femenino. Lamerlo “ahí” o montarlo con la audacia que exige eludir a los guardianes, garantizaría la fertilidad. De vez en cuando, sobre la bragueta abultada y corroída, aparece, paradojal y sorpresivo, un escarpín celeste o rosa. Pero la insistente mención de Victor en las páginas gay de Internet, muestra que el mito ha sido expropiado y adaptado: tocar íntimamente la estatua de Victor Noir responde a una superstición más gratuita y placentera que la de garantizar la fecundidad: hacer feliz el sexo bucal con amigo o desconocido, ya sea en el cementerio mismo, como en el yire. “Toda degradación, por medio de grafittis, tocamientos indecentes u otros medios puede ser perseguida”, dice un cartelito. Pero yo no sé francés. Mi amigo Karl me toma una fotografía mientras practico cívicamente el ritual y, si en ella mi mano aparece ligeramente corrida, es porque la estatua de Victor Noir calza largamente hacia la izquierda. Jamás contacto similar, pero en vivo me dejó la mano tan fría. La guardo en el bolsillo, ligeramente avergonzada por mi falta de imaginación. Arriba las nubes parecen venir hacia nosotros.
Joe Hill no se llamaba Joe Hill. Su verdadero nombre era Joel Emmanuel Hägglund Hägglund emigró de Suecia a Estados Unidos en 1902 y afortunadamente allí adoptó el nombre por el que se lo conoció desde entonces y que utilizaremos de ahora en más. Muchos en este momento se estarán preguntando quién joraca era Joe Hill. Muchos más, en este momento, estarán manteniendo relaciones sexuales, por lo cual es muy probable que hayan apagado la computadora. Ok. Que se jodan todos. Este sueco devenido en norteamericano era cantante, y músico, y compositor, y poeta. Por ese motivo, y para poder parar la olla, también trabajaba en la construcción, el ferrocarril y en todo lo que le significara ganarse un mango. Pero además, Joe Hill era un activista sindical y –fundamentalmente- fue el primer cantante de protesta del que se tengan noticias. Hay que decir que los primeros años del siglo pasado no eran buena época para los cantantes de protesta. La industria discográfica estaba en pañales y la única forma de difundir su mensaje era cantar en asambleas sindicales y en los barrios obreros de los estados unidos. Muchas veces, Hill tomaba canciones populares e incluía en ellas las consignas. De este modo se lograba que los estribillos fueran memorizados rápidamente por la gente. Algo que hoy en día hacen casi todas las hinchadas del fútbol argentino, con objetivos menos importantes y un léxico más limitado (actualmente se limitan a las palabras aguante, botón y trapos). Lo cierto es que el tipo empezó a ponerse molesto, organizando huelgas, reclamando mejoras salariales y buenas condiciones laborales y todas esas cosas que le rompen las pelotas a los patrones. Y su actividad no se redujo al territorio de Estados Unidos. Existen documentos que en 1911 lo ubican en México, luchando contra la dictadura de Porfirio Díaz. Por esto, Joe dejó de conseguir laburo y un buen día es acusado de cometer un crimen en Salt Lake City, con algunas pruebas que muchos consideraron inconsistentes e insuficientes. Como corresponde a un país civilizado, es juzgado y condenado Así funcionan las instituciones, hijo. Y la condena resultó un poco jodida, aunque el juez, en un acto de humanismo ejemplar, le permitió elegir si prefería ser ahorcado o fusilado. Eligió las balas, que lo agujerearon el 19 de noviembre de 1915. Una historia redondita. Activista sindical, poeta y cantante, acusado, condenado y ejecutado por un crimen que no cometió. La película se estrenó en 1970 y la dirigió Bo Widerberg -que era sueco.como Joe- y no la pude conseguir por ningún lado. Al enterarse de su condena, Hills le envió a un compañero de militancia el siguiente mensaje: Muero como un verdadero rebelde. No pierdas el tiempo con el luto. Organiza! Desde entonces, Joan Baez, Bob Dylan, Serrat, Miguel Cantilo, Atahualpa Yupanqui, Georges Brassens, Jacques Brel y los Quilapayún, entre otros, tienen un santo a quién prenderle una vela. Y nosotros también.
La canción de Earl Robinson y Alfred Hayes, interpretada por Joan Báez
Poema - testamento
¿Mi cuerpo? Ah, si pudiera elegir, Lo reduciría a cenizas Y dejaría a las alegres brisas soplar mi polvo hasta donde algunas flores mustias crecen. Quizás algunas flores mustias, entonces vuelvan a la vida y florezcan otra vez. Esta es mi última y final voluntad. Buena suerte para ustedes
La guerra de Vietnam dio un fuerte empuje a diversos sectores de la vida norteamericana. Los fabricantes de ataúdes estuvieron de parabienes por la gran cantidad de soldados muertos que llegaban a los puertos de la costa Oeste. Los productores de napalm descorchaban champagne cada vez que la aviación yanqui achicharraba aldeas de amarillos. La industria armamentista creció de manera impresionante. Y los hippies se hicieron conocidos mundialmente. Este movimiento, más allá de toda la iconografía posterior, fue uno de los principales activistas en contra de esa guerra. Manifestaciones, quema pública de las cédulas y convocatorias al servicio militar, recitales, vida en comunidad, sexo libre y otros desplantes, pusieron al hippismo en boca de todos. Poco a poco comenzaron a ser vistos como algo más que un grupo de vagos, sucios y drogadictos. Sus intervenciones eran cada vez más importantes y esa importancia también se medía en la cantidad de policías que iban a cagarlos a palos en las manifestaciones -cada vez más multitudinarias- que realizaban en las principales ciudades de Estados Unidos. Uno de los más destacados y activos militantes del pacifismo hippie por aquellos años fue Abbot Howard Hoffman, “Abbie” para los amigos (y también los enemigos). Nacido en Worcester, Massachussets, Abbie Hoffman introdujo nuevas tácticas de protesta, que incluían acciones con gran contenido teatral y humorístico que provocaron una gran repercusión en los medios de prensa de la época. Asimismo, estas formas de protesta pacífica pero con un gran contenido crítico a la situación sociopolítica de los Estados Unidos, provocó reacciones cada vez más violentas por parte de la policía, del FBI y de la CIA, que convirtieron a Hoffman en uno de los principales enemigos públicos. Abbie Hoffman fue militante desde la secundaria. Participó en diversos movimientos pacifistas hasta fundar el partido internacional de la juventud (conocidos como yippies por sus siglas en inglés). De unos pocos melenudos, pasaron a ser muchos melenudos y después un montón de melenudos, para convertirse finalmente en muchos más melenudos de lo que se podía soportar por aquellos tiempos. Pero a pesar de su militancia pacifista, su foja de servicios está salpicada de hechos violentos, los que no propició, pero en los que se vio envuelto. Las acciones de Hoffman y sus amiguetes provocaron gran repercusión en los medios de prensa y enorme preocupación en los círculos de poder. No era para menos. El muchacho convocaba multitudes con propuestas desopilantes. Como por ejemplo la masiva manifestación en la que más de 50 mil personas intentaron hacer levitar el edificio del Pentágono usando energía psíquica hasta el punto que se pusiera naranja y comenzara a vibrar; momento en que terminaría la guerra. No, no lo consiguieron. Era una joda. Pero la broma convocó a mucha gente y eso hizo que se le frunciera el culito a más de un habitué de los círculos de poder que mandaban chicos a morir en una selva lejana y desconocida. En otra oportunidad, Abbie y sus chicos fueron a la Bolsa de Valores de Nueva York y arrojaron billetes falsos, logrando que los corredores de bolsa literalmente se cagaran a trompadas por esos dólares. También anunció que la mejor forma de ponerse de la cabeza era mandándose un plátano por vía rectal, recomendando a los científicos de la CIA que lo probaran. Y uno se lo imagina a Abbie diciendo esto con la misma expresión que ponía el Negro Olmedo cuando decía “eu no conoce Rosario”. Un ámbito que Abbie Hoffman recorrió en muchas ocasiones fue el de los tribunales, porque llegó un momento que lo procesaban hasta cuando iba a comprar bizcochos de grasa. En el 68, durante la Convención Demócrata de Chicago, Hoffman propuso a un cerdo para la presidencia. Las manifestaciones en apoyo al chochán fueron multitudinarias y prolijamente reprimidas por la policía. En esa oportunidad Abbie terminó -una vez más- ante su Señoría., esta vez acompañado por seis camaradas con los que conformaron un combo que fue conocido como “Los Siete de Chicago”. Porque eran siete y estaban en Chicago. Si, a veces es impresionante la capacidad que tiene la prensa de crear figuras literarias de altísimo vuelo. Pero volvamos a la corte. El juicio alcanzó características de desopilante. El juez se llamaba Julios Hoffman (aunque no tenía ningún parentesco con nuestro héroe) y Abbie lo agarró para la joda todo el proceso, además de lanzarle durísimos ataques y acusaciones cada vez que tenía la posibilidad de hacer uso de la palabra. Llegó a decirle que (el Juez) era “una vergüenza para la raza judía”. En aquella oportunidad, Hoffman y cuatro de sus compañeros fueron sentenciados a cinco años de prisión, pero en la apelación la condena fue revocada. Durante el festival de Woodstock –el del 69, o sea el único que hubo, porque el otro que hicieron… no jodan!- se mandó al escenario cuando tocaban los Who. Cuando iba a decir unas consignas, vino Pete Towshend y lo hechó de mala manera (y cuando digo mala, quiero decir mala). Me parece que en la película no sale (¿cómo cuál película? ¡En la que Hendrix toca el himno yanqui!), pero en youtube está el siguiente audio
Ok, la imagen es una cagada, pero lo que importa es el sonido. Según Hoffman, en su autobiografía, el incidente aconteció como sigue: "Si alguna vez escuchas algo sobre mí en conexión con el festival, no fue por tocar Florence Nightingale para los hippies. Lo que escuchaste fue lo siguiente: 'Oh, ése, sí, ¿el que cogió el micrófono, intentó dar un discurso cuando Peter Townshend le partió la cabeza con su guitarra? He encontrado un sinnúmero de referencias al incidente, incluso un colosal mural de la escena. Lo que no he podido encontrar es una sola foto del incidente. ¿Por qué? porque en realidad no ocurrió. Yo tomé el micrófono, y di una corta charla acerca de John Sinclair, que acababa de ser sentenciado a 10 años en la Penitenciaría del Estado de Michigan por dar dos porros de hierba a dos policías secretos, y cómo deberíamos tener la entereza que mantuvimos en la casa Woodstock para liberar a nuestros hermanos y hermanas de la cárcel. Algo así. Townshend, que había estado afinando, se dió la vuelta y chocó conmigo. No fue un incidente en realidad. Cientos de fotos y miles de películas existen representando ese escenario, pero no hay ninguna foto de la tan comentada escena." Por su parte, Townshend ha dicho no recordar claramente el incidente (aparte de sordera, sufre Alzheimer), pero que de haber ocurrido seguramente le hubiera roto la cabeza con su guitarra. Poco después, la policía irrumpió en su oficina y casualmente encontró un paquetazo de merca. Hoffman dijo que todo había sido montado por los servicios de inteligencia para sacarlo del medio. Todos dicen lo mismo: ¡Me la pusieron, me la pusieron! A raíz de ese “malentendido”, Abbie estuvo prófugo hasta el 80, cuando se entregó y purgó un año adentro y nada más. Luego continuó siendo un influyente periodista radical, pero como él mismo dijo “Los años '60 han terminado, la droga nunca será tan barata, el sexo nunca será tan libre, y el rock and roll nunca tan bueno” Tal vez le haya pifiado en todo, pero la frase está buena. Pero toda buena historia merece también un triste final. Y Habbot Howard Hoffman -que sufría desorden bipolar, como la Cristina- lo consiguió gracias a 150 pastillitas de colores que permitieron que fuera encontrado muerto el 12 de abril, en 1989 a la edad de 52 años. Su nota de suicidio decía, "Es demasiado tarde. No podemos ganar. Se han hecho demasiado poderosos". La película (¿acaso dudabas que se hubiera filmado una?) se llama “Roba este filme” y si te la bajás tratá de conseguir una que no esté doblada en España. Es horrible ver a un hippie diciendo “sois todos unos pringaos”.
Edición de la Revista People en ocasión del fallecimiento de Abbie Hoffman
ROBA ESTE LIBRO
En los años 70, uno de los libros más vendidos fue, paradójicamente, por su título, Steal this book (Roba este libro). La obra donde Abbie Hoffman explicaba pormenorizadamente distintas maneras de sobrevivir “de arriba”, o sea, “de garrón” en el sistema (y fuera de él). Nos relataba, por ejemplo, distintas maneras de conseguir comida, identificaciones de todo tipo, libros, viajes, ropa, etc. gratuitamente o a muy bajo coste. El libro no se paraba ahí, era todo un manifiesto sobre la sociedad libre que imaginaba el autor. Por ello, había partes del libro dedicadas a las guerrillas urbanas, las armas o la difusión de idas (con ejemplos prácticos de cómo montar una emisora pirata o publicar panfletos). La fecha de publicación del libro, 1971, nos indica que muchos de los temas tratados en el mismo están anticuados. Aunque la ideología subyacente aún pervive de muchas maneras. En la red, hay un proyecto llamado Steal this Wiki. En él se pretende seguir con el espíritu del libro original, adaptándola a las herramientas de colaboración actuales. Desgraciadamente no hay versión en castellano (ni del sitio ni del libro de Hoffman), aunque abundan en la red las guías de supervivencia para el mundo moderno, como, por ejemplo, sindinero.org, web que recopila recursos gratuitos dentro y fuera de la red, o el rincondelvago.com, la web clásica de búsqueda de apuntes, exámenes y trabajos de clase por excelencia. De esto último se podría inferir que el Juez Diego Estevez es un hippie bárbaro (para los que no entiendan, lean esto). (Reseña del libro extraida de aquí con algunos agregados míos)
Muchas veces los argentinos, con nuestro proverbial pesimismo, solemos decir que estamos en el culo del mundo. Error. El culo del mundo es, sin lugar a dudas, Kurya. Pueblecito ubicado en Siberia, región de nuestro planeta adonde todo es frío y desolación. Al lado de eso, Argentina es… no digo el ombligo o la cabeza del mundo, pero el codo, o la parte de atrás de la rodilla. Kurya está casi en el límite con Mongolia. Loco, casi nada limita con Mongolia. ¿A qué viene todo esto? se preguntarán aquellos que desde hace ya tiempo se vienen preocupando por mi salud mental. Bueno, sucede que en Kurya nace gente. Eso quiere decir que a pesar de estar en el único y verdadero culo del mundo, existen mujeres que quedan embarazadas, o sea que antes… ya sabemos lo que pasó. De uno de esos momentos de pasión que extrañamente suceden en Kurya nació en 1919, un lindo bebé que fue bautizado como Михаи́л Тимофе́евич Кала́шников, Pues bien, Михаи́л no es ni más ni menos que Mijaíl Timoféyevich Kaláshnikov, o sea el papá de esa arma que muchos adolescentes eligen sin dudar cuando juegan al Counter Strike.
El Camarada Kalashnikov de jovencito
Y es que parece que el invento de Mijail, o sea la AK-47, o simplemente la Kalashnikov es lo mejor que inventó el hombre para eliminar a sus semejantes. No sé nada de armas, no es un tema que me interese. Pero a veces uno se encuentra cosas que lo dejan demudado. Escribe Roberto Saviano en “Gomorra”: “No existe nada en el mundo, orgánico o inorgánico, objeto metálico u elemento químico, que haya causado más muertes que el AK-47. El kaláshnikov a matado más que la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, que el virus del sida, que la peste bubónica, que la malaria, que todos los atentados de los fundamentalistas islámicos, que la suma de muertos de todos los terremotos que han sacudido la corteza terrestre”. ¡Eso es un currículum!
Mr. K en la actualidad
Cuando era chico me deslumbraba el Winchester que usaba Chuck Connors en “El Hombre del Rifle”, las Colt que todos llevaban en “El Gran Chaparral” y las ametralladoras Thompson de “Los Intocables”. Pero claro, por aquellos años no entraban muchas series de acción soviéticas, probablemente no hayan existido. Pero no tengo dudas que, de haberse filmado, el AK-47 hubiera sido el arma-fetiche. La Kalashnikov es el arma más vendida en la historia de la industria armamentística y su excepcional eficiencia mató gente en todo el mundo. Pero también es el fierro que tiene más admiradores tiene. Principalmente los izquierdistas porque era el que usaban los movimientos revolucionarios y/o guerrilleros que eran auspiciados y provistos por la URSS. A tal punto es la cosa que hay dos AK-47 en el escudo de Mozambique. Allí donde muchos países ponen aguilas, laureles y soles, este país africano puso la imagen de dos de estos sub fusiles soviéticos. Canciones, merchandising, grupos punkies, vodka y muchas cosas más hoy están relacionadas con la Kalashnikov, que a pesar del progreso de la industria armamentística, sigue siendo el best seller en el rubro. Volvamos a Saviano para ver por qué: “El AK-47 es un arma capaz de disparar en las condiciones más adversas, está lista para disparar aunque esté llena de tierra o empapada de agua, es cómoda de empuñar, tiene un gatillo tan suave que hasta un niño puede apretarlo. La fortuna, el error, la imprecisión: todos los elementos que permiten salvar la vida en los enfrentamientos parecen quedar eliminados por la certeza del AK-47”. Y agrega: “El mantenimiento y el montaje son tan sencillos que los muchachos de la antigua Unión Soviética lo aprendían en los pupitres de la Escuela, en presencia de un responsable militar, en un tiempo medio de dos minutos” ¡Chúpense esta, Smith & Wesson!
Chicas con Kalashnikov, para volarle los ratones a varios
Bueno, basta de sangre. La próxima va a ser algo más hippie.
Para terminar, algo de música relacionada con la AK-47
Hace algunos años circulaba un chiste que decía que la única diferencia entre Elvis Presley y Peter Frampton era que Elvis sí estaba vivo. Más allá de que los creadores y difusores del chascarrillo no eran precisamente fans del autor de “I can’t stand it no more”, la especie quedó desvirtuada totalmente cuando el rubio -y ya casi calvo- guitarrista de Beckenham relanzó su carrera musical y demostró que ambos viven. A esta altura muchos estarán pensando que el autor de estas líneas sufre algún severo trastorno neurológico, porque todo el mundo sabe que Elvis Presley -lo dice Wikipedia y el Rincón del Vago- la palmó en 1977 luego de colarse un contenedor de pastillitas de colores. Ok. Eso es lo que dicen los papeles y la “historia oficial”. Pero lo cierto es que luego de aquel fatídico 16 de agosto, el muchacho del jopo y las camisas con solapas gigantes se convirtió en uno de los muertos que más veces ha sido visto con vida en la historia. Buceando en Internet, leyendo viejos diarios y revistas y mirando documentales en canales de cable, se puede encontrar miles de testimonios, indicios, pruebas y sospechas (todo mezclado y sancochado) de que el deceso de uno de los probables progenitores del rock and roll haya sido simulado, por razones que van desde el deseo de vivir una vida tranquila lejos de la fama hasta el cambio de identidad por ingresar al “Programa de protección de testigos”. Algunas de las razones que esgrimen estos delirantes para afirmar sin ponerse colorados que Elvis no murió, son las siguientes:
En su tumba, aparece su segundo nombre como "Aron", con una sola A; en vez de "Aaron", con dos A, que era lo correcto. Como cualquiera sabe, que falte una letra de tu segundo nombre en tu lápida es indicio inequívoco de que estás vivo. No obstante esta indiscutible prueba, puede verse en diversas fotografías que dice “Aaron”. Tal vez sea una maniobra de la CIA para confundir a los investigadores.
Otra prueba en apariencia irrefutable de que Elvis no murió es que el tipo habría pedido ser enterrado junto a su madre, y finalmente el ataúd fue depositado entre su padre y su abuela (que ya estaban muertos, claro).
El peso parece ser un dato irrefutable. Según algunos, antes de morir, el cantante pesaba 250 libras (casi 115 kg), pero en su certificado de defunción figuran “solamente” 170 libras (o sea, poco más de 77 kg). De esto podemos concluir que, o bien el alma pesa más de 21 gr. (como erróneamente propone una famosa película) o que el tipo la haya palmado después de ir de cuerpo. O que el médico puso el peso que se le ocurrió en ese momento. O que está vivo.
Al morir, Elvis estaba hecho un lechón. Después habría adelgazado.
El certificado de defunción original habría desaparecido. Lo mismo pasó con el certificado de defunción de mi nono, razón por la cual sospecho que está vivo y que es Elvis Presley.
Para algunos investigadores, el día de su funeral el ataúd donde iban sus restos habría estado más frío de lo normal, lo abonaría tesis de que en su interior iba una reproducción en cera del artista y no el cadáver. Es claro que la diferencia de temperatura entre una estatua de cera y un cadáver es abismal y se puede percibir con facilidad a través de un ataúd de la mejor calidad.
Un tal John Burrows compró un pasaje a Buenos Aires pocos días después del deceso de Presley. "John Burrows" era un nombre artístico que habría usado Elvis. Y también el nombre real de varios millones de norteamericanos. Basta darse una vuelta por Google para darse cuenta. El dato de que este tal Burrows viajó a Buenos Aires no es casual, toda vez que existe una teoría que sostiene que Elvis vive -o vivió hasta hace poco- en Argentina, según afirma un inclasificable video que agrego al final.
¡Elvis en Argentina! Capaz que telonea a los Doors.
En ese mismo sentido se orienta el pensamiento de Kananga, que jura que el chabón está obeso y sufriendo de alopecia, en su residencia de Carlos Paz. También hay video, como si esto sirviera de algo.
Gordo y pelado (pero con peluquín)
También, y en un razonamiento digno de un trabajo conjunto entre Axel Kuchevasky y Adrián Paenza, hay quienes han dado forma a una teoría que podríamos definir como “filmico/numérica, que pasamos a explicar con la mayor brevedad posible: Su película favorita era “2001: Una odisea del espacio”, donde hay una escena donde aparece un hombre pensando en un baño. Elvis fue encontrado sin vida justamente en un baño. No pudo determinarse si estaba pensando o cagando. O ambas cosas a la vez. Además, la suma del día, mes y año de la muerte (16-8-1977) da por resultado el número 2001. Y como todo el mundo sabe, en el 2001 lo rajaron a De La Rúa, Y en esa época, Elvis estaba más vivo que nuestro ex presidente. Explicado así parece muy estúpido. Y en realidad lo es.
Nadie habría cobrado su seguro de vida. Se conforman con seguir cobrando los derechos de autor, que convierten en una propina el monto de la póliza.
Pero además de estas razones (sí, estoy de acuerdo, son todas muy boludas), millones de personas afirman haberlo visto con vida con sus propios ojos –los de esos millones de personas, no los de Elvis. A continuación, mostramos (perdón, nombramos) algunos lugares donde el astro fue visto con vida mucho después de ser enterrado:
Una gasolinera en Montana. Un supermercado en Cambridge. Saliendo de un local de "Pizza Hut" en Southampton, Inglaterra. Es raro que no lo vieran comiendo pizza en ese local, o entrando, o estando adentro sin comer nada.
¿La pizza favorita del Rey? Yo prefiero las de Don Luis
En una oficina en Oslo. A pesar de buscar en Google, no hemos podido saber qué tipo de oficina era. Leyendo poesía en la Penn State University (o sea, la Universidad de Pennsilvania). O tal vez estaba leyendo una novela, o los chistes del diario.
El portal de la Penn State. No hay ningún link relacionado con Elvis. El Rector guarda un sospechoso silencio al respecto.
Haciendo dedo en Texas. Lo cual no deja de tener en sentido si tenemos en cuenta que todavía no cobró su seguro de vida. Es muy probable que ande sin un mango. Manejando un camión en Tasmania, lo cual es muy posible porque en Tasmania es un lugar chico y todos conocen a los camioneros del lugar.
Elvis es el que maneja el camión. O el que hace dedo. O ambos.
Comiendo Tacos de carnitas en Mexico, en las Carnitas Uruapan, para más datos. Ni puñetera idea de qué son las carnitas, pero parecen ricas.
Las carnitas preferidas del cadáver de Presley. Nunca un restaurant vegetariano el desgraciado
Haciéndose planchar la escarapela de cuero en un baño de la cancha de Excursionistas. Pero la fuente no es muy confiable (ninguna lo es en realidad, pero me parece que esta estaba un poco merqueada).
Como puede observarse, delirantes y mitómanos no nos faltan. Pero más allá de todo esto, no es Elvis el único tipo que no se murió pese a lo que dicen los médicos. Otros músicos que pasaron por ese mismo trance –el de creer y hacernos creer que se murieron- son Luca Prodan, Paul McCartney, Jim Morrison y Paulina Rubio, entre otros. Bueno, Paulina Rubio no se murió, pero a casi nadie le importa.
Un delirio digno de mejores causas. El “documental” que “prueba” que Elvis vive en Argentina.
Lo más serio que se ha dicho y hecho respecto a esta cuestión
No creo que pueda borrarme de la memoria su imagen desgarbada y casi desarmada, atado a la camilla, casi sonriendo. Es verdad, por suerte, que no será esa imagen más fuerte, ni más grande, ni más impactante que esa misma figura arriba del escenario de Atenas, dónde lo vi por primera vez allá a mediados de los 80, algún tiempo después de ese cada vez más difuso y borroso y menos cierto suceso de los pantalones. Para ese entonces ya era mi amigo. Con él abandoné la niñez. Fueron sus canciones y las de nadie más las que me hicieron abrir los ojos por primera vez. Después vinieron otros tan importantes, tan entrañables… Pero él fue el primero. Como el amigo con el que te hacés la chupina por vez primera, la chica que inauguró tus labios para el amor o la pasión o la calentura, el primer cigarrillo a escondidas… ¡qué cursi puede llegar a ser uno por un amigo! Su voz está siempre. En las tardes solitarias me exige que no me deje desanimar. Cuando estoy con el patín desecho mirando a mis temores hechos gente, esas noches en que estoy tan solo como un hombre a veces debe de estar, cuando la fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas hacen que esquive a mi corazón; él es el otro que hay en mi lugar; que dice “¡vamos, vamos! ¡Tu oportunidad está ahí!” Con él fui lo que creí y soy lo que está pasando. En esos momentos grises, solamente me hace falta mirarlo a él, tratando que se muevan estos pies, bajo la luz, tocando hasta el amanecer.
Estoy seguro que aún hoy, y a pesar de lo que dicen muchos cabrones, daría cualquier cosa por amor, daría cualquier cosa por poder llegar un poco más de lo que puede dar. Sin embargo, a la vez nos dice que nos encarguemos de nuestras vidas porque no es mejor que nosotros. Dejate de joder, Charly. Si vos sabés bien que aunque cambiemos de color las trincheras y aunque cambiemos de lugar las banderas, siempre es como la primera vez. Sos -qué duda cabe- quien puede compaginar la inocencia con la piel. Porque naciste para mirar lo que pocos quieren ver. Si sabiendo que no tendrías poder, ni abogados, ni testigos, contaste -de mil maneras- lo que había detrás de aquel espejo. Vos encendiste los candiles para que los brujos no pudieran siquiera pensar en volver a nublarnos el camino. Sos ese hábil jugador y trascendental actor que justifica con la acción toda fantasía; mientras tu inspiración baila mi forma de ser. ¡Qué locos éramos los dos en los buenos tiempos!
Tal vez, como la mayoría de nosotros, no pudo romper las cadenas que lo atan a la eterna pena de ser hombre y de poseer. ¡Miren! Lo están golpeando todo el tiempo. Lo vuelven a golpear. A todos nos siguen pegando abajo. Por eso, cuando a veces soñamos con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión, es necesario despertar cantando alguna de sus canciones, que siempre es necesario cantar de nuevo una vez más. Porque cuando estamos buscando direcciones en libros para cocinar, cuando queremos comprar el mundo en un bazar, mirando todo el tiempo superhéroes y superstars, cuando la radio nos confunde a todos, y las heridas, desgraciadamente, no son sólo del Oficial, él está ahí haciéndonos entender que era posible -y necesario- hacer algo más que ver películas, aún cuando fuera sábado a la noche y un amigo estuviera en cana. Es mejor eso que estarse quieto, que ser un vigilante.
Su corazón se ha partido en dos. Cuando todos vamos a ver, cuando vamos a nacer, tiene que salir y volver, desaparecer, víctima de un sol extraño, víctima de libertad, de sociedad, de soledad. Desprejuiciados -como él- son los que vendrán. Y los que están ya no me importan más. Los carceleros de la humanidad no lo atraparán dos veces con la misma red. Charly, les contaste un cuento sabiéndolo contar y creyeron que tu alma estaba mal. Don’t worry, la mediocridad para algunos es normal y la locura es poder ver más allá. Vos nunca pudiste entender a los que hacen lo mismo que vos hiciste ayer, pero como hasta ahí no más. ¡Say no more! Charly, la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón. Te pueden corromper, te podés olvidar, pero ella siempre está
Mágicamente nos transportamos a la primera mitad de la década de 1980, cuando quien esto escribe empezaba a despuntar la adolescencia. Por aquellos años, PC eran las iniciales de “Partido Comunista”, algo que existía por ese entonces. La computadora era algo muy complicado y lejano que, según explicaban personas muy entendidas en tecnología, iba a reemplazar en el largo plazo a la calculadora (¡Mí vieja Casio fx80! ¿Qué habrá sido de ti?). Pipo Cipollatti y Andrés Calamaro conducían “Música Total Videos” (MTV era la sigla, ¡ladris!). Los buenos futbolistas jugaban siempre más de tres años en el mismo club. En las clases de Instrucción Cívica nos hablaban de un libro de literatura fantástica llamada “Constitución” y nos hacían jugar a las elecciones, mientras la guerra de Malvinas abría las puertas para que ese juego se hiciera realidad. Lo mataban a Lennon, justo cuando uno empezaba a encontrarlo. Recién se podía ver “La Naranja Mecánica” en los cines. Sonaba Serú. los Stones volvían a desmentir su muerte, Spinetta era de Jade y Los Redonditos de Ricota eran una banda subte de Buenos Aires que se podía escuchar en Córdoba cuando alguno viajaba y podía grabar el recital (que significaba llevar un enorme radiograbador y un par de docenas de pilas grandes, ni soñar con las alcalinas).
TDK D60: el mejor cassette de la historia de la industria musical.
Por aquel entonces, piratear (perdón, compartir) era una tarea verdaderamente artesanal. Empezando porque no utilizábamos los términos “piratear” ni “compartir”. Era simplemente copiar un disco, o un cassette. Y los medios para reproducir música en forma doméstica eran precisamente esos dos: el disco o el cassette. Cuando la gente de mi generación iniciaba la década del 80 tenía al alcance de la mano un adelanto tecnológico que facilitaba muchísimo las cosas: el centro musical. O sea, un equipo de audio muchísimo más grande, más pesado y con menos prestaciones que los actuales. Tocadiscos, grabador y radio, todo en uno; control de agudos y graves y pocas cosas más. Un alarde de modernidad y desarrollo. Los más pudientes accedían a los “minicomponentes”, que era lo mismo pero por separado, pudiéndose agregar un ecualizador. Sin embargo, estos elementos no estaban en casi todos los hogares como afortunadamente ocurre en estos días. Los de clase media podían acceder a ellos con mucha dificultad. No obstante, en el curso del cole había cuatro o cinco que tenían. Yo era uno de esos afortunados. Creo que a los que nos gustaba la música nos ganaba un verdadero sentimiento de solidaridad y nos empeñábamos en facilitarles las cosas a los colegas. Nunca podíamos decir que no a alguien que nos pedía que les grabáramos un cassette. ¡Eso era cooperativismo!
Las cosas eran más o menos así: Segundo recreo. Estoy sentado en un escalón tratando de saber al menos de qué materia es la prueba que tengo en la próxima hora. Subrepticiamente, Esteban se me aparece desde atrás de una columna, y vigilando que nadie se fije en nosotros, me entrega el objeto con un disimulo que hubiera llamado la atención hasta de un ciego, diciéndome “grabame el de Rush”. - “¿Cuál?”, pregunté algo sobresaltado - “El importado” dijo, y desapareció. La noticia de que a mi hermano le habían regalado una edición canadiense de “Moving Pictures” ya había corrido. Con los años, esta escena parecería algo exagerada. Sobre todo si tenemos en cuenta que durante 12 años, Esteban se sentó detrás de mí. Pero había códigos y debían ser cumplidos. Comenzaba, entonces, un proceso que voy a describir. En primer lugar, se debía proceder a la elección del cassette, teniendo en cuenta un par de parámetros fundamentales: valor y duración. La marca más común era TDK. Y eran buenos. Muy buenos. Y no eran tan caros. Los Basf eran más cool, por decirlo de algún modo actual. Eran tan buenos como los TDK, pero alemanes y un poquito más caros y difíciles de conseguir. Para arriba poco más. Para abajo una lista que incluye a los “Auditone” y un montón de marcas truchas como KDK, Panoasonic y cosas así. En cuanto a la duración, el estándar era 60 minutos (30 por lado). Pero también venían los de 90. Un poco más raros eran los de 46 (que también fueron fugaces) y los de 180 (que eran un quilombo seguro, porque indefectiblemente se te enredaba la cinta).
Como elegir
La marca será elegida según la finalidad que se le de al cassette y qué se vaya a grabar en él. Si queremos seducir a una chica, será un Basf, sin dudar. Si vamos a grabar ese pirata de Deep Purple que tiene el Perro, será un TDK de 90. Si es un disco de música clásica que te pidió tu viejo, con el Auditone sobra.
El Basf. Bueno y cheto
TDK. Un fierrazo
Calidad de la cinta
No conozco a nadie de mi generación que realmente haya terminado de entender este asunto. Yo ni siquiera empecé a entenderlo. Pero existía una especie de mito o leyenda urbana que los cassetes de cromo eran mejores que los comunes. Y los de ferro-cromo pa’ la mierda mejores que todos. El cromo y el ferro-cromo venían a ser unas sustancias que tenían las cintas, que hacían que la música se grabara mejor y se escuchara pa’ la mierda mejor. Juro solemnemente que yo nunca noté la diferencia, pero -como todos- estaba convencido de que eso debía ser cierto. Pero tener un par de esos te daba cierto prestigio. Obviamente, en esas cintas había que grabar cosas importantísimas.
Los cromo o ferrocromo, para entendidos
Relación disco/cassette
La copia de un long play en un cassette presenta un problema que podríamos llamar de “relación de lados o caras”. Básicamente, sus tiempos son distintos. Como ya se dijo, el cassette más popular tenía 60 minutos. Un disco rara vez tenía más de 50 minutos, con un promedio -en general- de 45. Y habitualmente sus caras no eran proporcionales. En esos casos había dos opciones básicas: Opción 1: Grabar un lado del disco en cada lado del cassette. Opción 2: Completar un lado del cassette, agregando al primer lado del disco dos o tres temas de la segunda cara. Para decidirse entre estas dos opciones es necesario tener en claro algunos asuntos: para quién es el cassette, tiempo disponible para realizar la tarea, qué meta mensaje se quiere transmitir, etc. Si es para una chica a la que queremos seducir, generalmente se utilizaba la Opción 2, aprovechando la cinta que quedaba libre para meter dos o tres temas extras, en los que uno expresaba veladamente sus intenciones para con la señorita. “Lick it up” de Kiss aparecía demasiado evidente, “Fuck like a beast” de Wasp era una fanfarronada. Y a pesar de lo desaconsejado, casi siempre caíamos en la tentación. La testosterona, vio? Si el producto es para uno, la cosa era prolijita, cuidando de que no se corte el último tema de cada lado. Si el disco lo justificaba, iba un lado del long play por cada cara del cassette. Con los amigos la cosa era cambiante, dependiendo de cuestiones importantes como las ganas.
De cassette a cassette
Estaba llegando tarde. Entraba al colegio en el mismo momento en que comenzaba a sonar “Aurora”. Casi junto conmigo entró Pablo. Estaba agitado. Cuando la bandera promediaba su ascenso en el mástil, me susurró: “mi hermano se compró el cable”. Nos abrazamos gritando. Nos pusieron media falta y cinco amonestaciones. “El cable” era (es), precisamente, un cable de audio, con dos fichas (generalmente RCA) en cada extremo, que servía para unir dos radiograbadores, o un radiograbador y un centro musical, y de esta manera poder copiar cassettes. El doble cassettera es posterior. Y el copiado rápido ni hablar.
No se si estas instrucciones te van a servir de mucho. Pero fijate. Sacale la tierra a esos viejos TDK, llamá a tus amigos, preguntales qué long plays nuevos se compraron y júntense a grabarlos el próximo sábado a la tarde. Si tus viejos no están, compren una cerveza, pero vayan a fumar al patio.
La plasticidad es asombrosa. Puede percibirse el silencio atormentado por los disparos de fusiles y obuses. Puede escucharse el postrer grito de alguien que en ese momento, como dice la canción, está viendo pasar delante de sus ojos “como un film, toda su vida”. Se puede adivinar el último pensamiento dirigido a una madre, o un hermano, o una novia… da igual. Es el último pensamiento La imagen golpea, arremete, impresiona, molesta, duele. Es el arquetipo de la “fotografía en el momento justo” que apasiona a tantos Taringueros. Pero cuando Robert Capa la tomó no existían las máquinas fotográficas digitales, ni mucho menos el photoshop. Durante la sangrienta Guerra Civil Española, quien fue inscripto como Andrei Friedmann en el Registro Civil de Budapest en el año 1913, entre varias miles, obtuvo una imagen que sintetiza todo el horror de un conflicto armado.
La toma fue en el Cerro Muriano, en el Frente de Córdoba, en 1936
Es que Robert Capa tenía la capacidad de estar dónde estaba la acción de verdad. El prestigio internacional le llegó sobre todo a partir de sus reportajes sobre la guerra civil española, pero también durante la Segunda Guerra Mundial (que tuvo su ojo sagaz desde China al Norte de África y -muy especialmente- durante el desembarco de Normandía. Allí donde había tole-tole viajaba Robert con su camarita. Al contrario de lo que sería lógico pensar, Robert Capa despreciaba la guerra y esperaba, mediante sus imágenes, movilizar a otros para luchar por la paz. Ofrecía su punto de vista antibélico y humanista no sólo con sus célebres fotografías de soldados en combate, sino también a partir de secuencias innovadoras y foto-narrativas adaptadas de modo ideal a las exitosas revistas ilustradas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Entiéndase la cosa en su total dimensión. Por aquel entonces, la fotografía periodística era la primera imagen de la historia. El cine llegaba tarde y a la tele recién sería algo más o menos popular en los 50. Como cronista de guerra, bien puede afirmarse que Capa persiguió a la muerte en cuanto conflicto bélico que tuvo este planeta en las décadas de 1930, 1940 y 1950. En cada uno de ellos registró la violencia de los enfrentamientos armados, pero también el dolor, el miedo, la angustia, el amor, la solidaridad, el heroísmo, la vileza, la vida cotidiana de todos aquellos que quedaban atrapados por la guerra. Tanto persiguió a la muerte, que ésta lo sorprendió en 1954, cuando pisó una mina en Indochina. Allí murió Robert Capa. Allí nació también su leyenda, que se proyecta hasta nuestros días, cuando algunos de los rostros de sus fotos se decidieron a hablar. Cuando muchas fotos que se creían pedidas decidieron salir a la luz.
Huston Hu Riley, de 86 años en la actualidad, ha sido identificado en el 2007 como el protagonista de la imagen que, con un valor a prueba de bomba, tomó el famoso fotógrafo de guerra mientras nadaba hacia la orilla de la playa de Omaha [una de las del desembarco del Día D] el 6 de junio de 1944, formando parte de la primera oleada de la invasión de Normandía. La desdibujada imagen en blanco y negro inspiró las primeras escenas de 'Salvar al soldado Ryan', la película de Steven Spielberg sobre la II Guerra Mundial.
Asimismo, en enero de este año, y tras un peregrinaje de casi 70 años, fueron descubiertas en México unas cajas con más de tres mil negativos de la Guerra Civil Española, tomados en su mayoría por Robert Capa. A continuación, y cerrando este breve informe, la noticia publicada por la edición digital de El Periódico de Catalunya.
Las fotos perdidas de Robert Capa pasaron 68 años ocultas en México El Santo Grial de la fotografía. Así define Brian Wallis, director del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, las imágenes de la guerra civil española perdidas por Robert Capa en 1940. EL PERIÓDICO DE CATALUNYA y The New York Times publican hoy por primera vez algunas de estas instantáneas. El escritor Juan Villoro, colaborador de este diario, pudo ver este tesoro antes de que saliese de México y explica su historia. Robert Capa aceptaba perder en el juego a cambio de ganar en el amor. Vivió con la intensidad de un apostador compulsivo. En 1954, a los 40 años, tomó en Vietnam su última fotografía y fue arrastrado por la metralla. Su excepcional trato con la fortuna había terminado. En esa carrera marcada por el peligro, salvar el pellejo nunca fue tan importante como salvar los negativos. En 1940, tres cajas con 127 rollos de la guerra civil española llegaron a manos del general mexicano Francisco Javier Aguilar González, que era diplomático en Francia. No se sabe quién se las confió. México había dado asilo a los republicanos españoles y se aprestaba a recibir prófugos de la segunda guerra mundial. El general ayudaba a recuperar objetos perdidos en el naufragio de la historia. Alguien juzgó que debía hacerse cargo de los negativos tomados en España por Gerda Taro, David Seymour (Chim) y Robert Capa. Durante casi 70 años las cajas sufrieron los avatares del exilio. Los especialistas las dieron por perdidas. En el 2001 Richard Whelan publicó Robert Capa. The Definitive Collection. El archivo del fotógrafo parecía cerrado. Whelan murió a fines del 2007. Su correo electrónico tenía un mensaje que no llegó a leer. Provenía de México y lo enviaba la curadora y cineasta Trisha Ziff. Algo insólito había ocurrido: tras 70 años, más de 3.000 negativos, muchos de ellos de Capa, volvían a la luz.
Robert Capa filmando
Gerda Taro, amante de Capa, durmiendo
Pablo Picasso y Francoise Gilot - 1948
Alarma de bombardeo - España
Soldado Republicano muerto mientras colocaba cables telefónicos - España
Aviador norteamericano - Segunda Guerra Mundial
Guerra Civil Española
Una mujer leyendo la carta enviada desde el frente de batalla por su hijo
Huyendo de la guerra
Soldados norteamericanos reciben el saludo y un trago de parte de un anciano campesino francés
Un oficial alemán pensativo
Desembarco de Normandía
Una muerte más
El frente de una casa madrileña muestra las consecuencias de la batalla. Los niños conversan